Para mí, escribir no es una cuestión de libre albedrío, es un acto de supervivencia .
Paul Auster

martes, 1 de septiembre de 2009

JURAMENTO


Un día en el mes de agosto de 1993 mis labios rozaron una estela tricolor. Al cerrar mis ojos recuerdo como ayer dos años más tarde de aquel día.
Ese silencio místico de la selva amazónica se me clavó en el alma, no puedo sacar de mis recuerdos aquel hombre que se hizo mi hermano en el dolor.
Sus manos, en acto suplicante, yo no sabía que decir, estaba estupefacto .Un maldito RPG-7 (lanza- cohete) destrozó su rostro, sus heridas eran mortales.
Un viejo soldado de las Fuerzas Especiales le decía.
-Tranquilo , soy yo Nazareno (el viejo Nazita) , te vamos a sacar de este infierno , vas a ir con los tuyos .
Me quedé mirando ese cuadro y que hasta hoy no he podido olvidar, la tormenta despiadada de aquella tarde gris de enero, parecía burlarse de nuestra marcha lenta, cargábamos al herido con los hombres de mi patrulla, disponía de un soldado enfermero y una dextrosa , trastabillábamos por esa loma entre el fango y las raíces cual navajas desafiantes, el fuego enemigo que acompañaba la borrasca se confundía con luces destellantes.
No sé porque razón una paz extraña me invadía en aquel instante, pero igual llevaba mi materia asmática y mi mochila de combate a cuestas como una cruz.
Al siguiente día tan pronto como apareció la claridad, nuestro hermano nos dejaba para siempre, y lo enterramos allí, entre el canto de las aves del valle selvático y nuestro sentimiento inclaudicable de seguir por él , de seguir por todos, por aquellos que en esa Plaza Grande donde nació la libertad de nuestra América Mestiza gritaban “Ni un paso atrás”
Cuando niño siempre me había preguntado cómo sería estar allí, en ese Campo de Marte (Dios de la Guerra), por alguna extraña razón el destino o la providencia me permitió vivir e aquella “demencia bestial” como decía da Vinci.
Hoy puedo decir con toda seguridad que lo que más amo en este mundo es la paz, y amo a todos los pueblos de la América Latina porque somos hijos de una misma tierra, solo que me quedé con un sabor amargo al saber que esa sangre vertida únicamente germinó un acuerdo que nos arrancó una parte de nuestra propia vida.