Para mí, escribir no es una cuestión de libre albedrío, es un acto de supervivencia .
Paul Auster

lunes, 11 de enero de 2021

CONTEMPLACIÓN








Ella fue aquel vendaval que siempre logró diseminar los miedos acariciándome el alma, la conocí un día cualquiera cuando regresaba de mi trabajo, una noche después de haber laborado sin descanso en un largo día de invierno, me sentía exhausto, sin ganas más que de tirarme a la cama y descansar en aquel viejo hotel cuyo edificio estaba ubicado en aquella ruidosa esquina de la ciudad.

Miraba el atardecer mientras intentaba relajarme, de pronto recibí una llamada, el ruido incesante de los vendedores callejeros y aquel sonido estridente de las bocinas de los autos que aullaban como trombones de feria me impedían escuchar una voz tenue y dulce a la vez, a pesar de las limitaciones de comunicación pudimos hablar por un par de minutos, al final con cierto desgano y apatía decidí asistir a esa cita, no tenía otro motivo que el de ayudar a alguien que jamás había visto personalmente sino por referencias lejanas.

Quedamos en encontrarnos en inmediaciones de esa conocida farmacia, al percatarme de que ella no llegaba a la hora prevista, temí un desplante pero me lo tomé con calma y me senté a esperar mientras leía el poemario de Alejandra Pizarnik, al levantar la mirada pude notar que una persona se acercaba entre la penumbra de aquella calle solitaria, -es ella pensé- cuando la vi caminar hacia mí, sentía una extraña presencia, como si nos hubiésemos conocido de toda la vida, se veía imperturbable, su cabello recogido a la perfección y una trenza infinita que se perdía en su espalda morena, un vestido casual de blue jean y sus zapatos Converse blancos cual colegiala taciturna, nunca imaginé que se iba a convertir en aquel amor que me marcaría a sangre y fuego.




En uno de esos tantos días compartidos habíamos decidido dar un paseo por el malecón y luego tomar algo en el Street Cofee en la zona turística de la ciudad, es entonces cuando abordamos un autobús que nos llevaría al centro histórico.

Fue uno de esos recorridos al interior de la urbe porteña en que siempre se hace necesario tener los ojos abiertos como una lechuza para evitar un atraco, pese a mis dudas lo acepté, personalmente había preferido alquilar un vehículo pero ella insistió, según su experiencia disfrutaríamos más el recorrido en autobús por las estrechas calles de Puerto Santa Ana.







Yo estaba consciente de la peligrosidad del recorrido sin embargo miraba la ciudad desde la ventana del vetusto transporte, la metrópoli bullía en delirio al ras de una calurosa noche de abril.

En una de las intersecciones de Plaza Libertadores abordó el autobús un hombre joven de treinta años a los sumo, su mirada reflejaba la esperanza y un deseo impetuoso de hacer unas monedas para llevar el pan a casa.

-Yo pensaba- cada quien es cada cual en esta selva de cemento y hace lo que puede para poder sobrevivir a la vorágine de una ciudad como esta.

Este mozuelo era de aquellos jóvenes agoreros que suelen hacer trucos de magia con sus cartas españolas mientras los pasajeros viajan concentrados en sus propias batallas cotidianas, el muchachón nos miraba fijamente como si algo de nosotros le resultara común o tal vez conocido, mientras ejercitaba sus malabares noté entre sus ropas ligeras unas costillas puntiagudas como parte de su flácida anatomía.

Mientras el hombre de apariencia gitana hacía su número callejero yo no dejaba de anhelar que el recorrido termine, me sentía enjaulado en una lata de sardinas, llevaba mi ansiedad a cuestas extraviado en el suburbio de San Marino y temiendo un atraco de los tantos que suceden en la zona.

Apreté su mano y de paso vi la hora en el Swatch azul que llevaba en su pulsera, eran las 20 horas con 30 minutos de la noche, sin embargo era imposible separarme de esos ojos dueños de un infinito que transmitían una paz extraña e indecible, entonces tomé su cara con mis manos y besé sus labios, aquel dulzor de su boca me procuraba serenidad en la incertidumbre.

Ya en la barriada, yo miraba desde mi ventana cómo la gente se divertía  entre un jolgorio de almas grises que levitaban en aquellos pasillos sucios y sonoros que dibujaban su marginalidad, en medio de aquel suburbio terminé sintiéndome un forastero en busca de auxilio.

De pronto el cielo se pobló de nubes negras, arreciaba una borrasca y decidimos bajarnos del transporte, caminamos presurosos hasta una estación de taxis para regresar al hotel de aquella ruidosa esquina en la que me había alojado, no quedó opción que postergar la tan  ansiada velada en el Street Coffee

Ya en el hotel nos quitamos la ropa humedecida por la lluvia, conversamos de cosas banales y tomamos un sorbo de coñac, mientras ella me hablaba yo no dejaba de mirarla, en la profundidad de la noche devoré su cuerpo con la avidez de un náufrago en un banquete, finalmente nos quedamos dormidos pero pude sentir que se levantó lentamente de la cama. 

- Cariño, qué sucede -le dije-
- Voy al baño amor 
- ok - contesté- 

Simplemente lo ignoré, había caído en un profundo sueño, al día siguiente el sol que ingresaba por la persiana caía sobre mi rostro.

Ella estaba allí mientras yo contemplaba su mágica desnudez, yo extendí mi brazo para tocarla, sin embargo la sentí fría  o más que eso estaba helada e inmóvil.





Me levanté de un sobre salto y la vi frente a mí, sus ojos estaban colgados en el infinito, la tomé de los brazos y la sacudí bruscamente con gran desesperación, la angustia se apoderó de todo mi ser, al tomar su muñeca pude ver su reloj azul que eran las 08:30 am, finalmente entré en shock. 

Entonces fui al baño para mojarme la cara y tomar un trago de agua que recogí con las palmas de mis manos.

Al mirarme en el espejo no podía creer lo que estaba presenciando, pude notar con dificultad que en la repisa del baño, junto al espejo había un frasco vacío de píldoras con una receta médica que decía:

   Seconal de 20 Mg. administrarse bajo prescripción del facultativo.  

Junto a este recipiente estaba una baraja española rota por el medio, tenía unas palabras escritas al borde de la misma, en tinta negra y letra poco legible decía.


   Hasta siempre amor.. 





















14 comentarios:

  1. Un texto sobrecogedor. Enhorabuena.
    Un abrazo.

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  2. Gracias Rocío por tu comentario. Un abrazo para ti.

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  3. Me ha gustado mucho la estructuración argumental a través de una introducción abierta a toda clase de expectativas amorosas que poco a poco vas desgranando a través de un viaje en autobús por donde desfilan personajes y escenarios alucinantes que van dando fuerza a la acción y aumentando la intriga, que finalmente en su desenlace nos muestra en su crudeza la realidad de un amor imposible.
    En general me ha parecido una sugerente y bien elaborada historia inspirada en los cánones clásicos de la tragedia griega, donde la fatalidad del destino viene determinada por los "dioses".
    Un abrazo.

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    1. Gracias Estrella, bueno tu sabes que en la narrativa debemos despertar emociones al lector esa ha sido mi intención al final.
      Hay un guiño a Alejandra Pizarnik la poeta argentina, en este caso la chica del cuento termina trágicamente de la misma manera, quien ha leído la biografía de Alejandra lo va a identificar con mucha claridad.
      Gracias un abrazo

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  4. Con ese final, no me extraña que haya sido un amor de esos que marcan.
    Ha sido un relato muy sugerente. Me ha gustado mucho. Felicidades.
    Un abrazo

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  5. El final es tremendo. Esos amores son apasionados pero marcan demasiado. En todo caso, bien contado.

    Un abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario, en verdad el final tiene una relación con la trama, por el tema de la baraja española, tu sabes que en la narrativa todo está conectado de alguna manera. Estoy de acuerdo el final es muy duro, y es importante que se lo note, me da la medida de que está medianamente bien contado.
      Un abrazo

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  6. que bonita entrada de lo que fue sentiste viviste y pasó
    abrazos inmensos para vos

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    1. Hola mucha , gracias por tu comentario , sin embargo no lo viví ni me paso, solo lo he recreado en mi mente narrativa, un abrazo para ti.

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  7. El final es demoledor, esos amores tan tórridos llevan a situaciones extremas como le sucedió a tus protagonistas.
    Muy bien llevado el tema
    Un saludo Pablo
    Puri

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  8. Un saludo cordial para ti Dulcinea, llevas el nombre más cervantino que existe, un abrazo.

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  9. Gran relato, con un final impresionante.
    Saludos.

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  10. Agradezco tu gentil comentario Macondo. Saludos para ti.

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