La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido.
Jorge Luis Borges

domingo, 22 de febrero de 2026

CONTEMPLACIÓN





Ella, siempre fue aquel vendaval que logró diseminar los miedos acariciándome el alma, la conocí un día cualquiera cuando regresaba de mi trabajo, una noche después de haber trajinado sin descanso en un largo día de invierno, me sentía exhausto, sin ganas más que de tirarme en la cama y descansar en aquel viejo hotel, el edificio estaba ubicado en aquella ruidosa esquina de la ciudad.

Yo miraba el atardecer mientras intentaba relajarme,  de pronto  recibí una llamada,  el ruido incesante de los vendedores  callejeros y aquel chirrear  estridente de las bocinas de los autos que aullaban como trombones de feria, me impedían escuchar  con claridad una voz  tenue  y dulce a la vez, a pesar de las limitaciones de la comunicación pudimos hablar por par de minutos, al fin con  cierto desgano y apatía  decidí  asistir  a esa  cita, no tenía  otro motivo  que  el de ayudar a alguien a quien jamás había visto personalmente, sino  únicamente por  referencias  lejanas.

Quedamos en encontrarnos  en inmediaciones  de esa conocida  farmacia, al percatarme  de que ella  no llegaba en la hora prevista ,temí un desplante pero me lo tomé con calma, y  me senté a esperar, mientras leía el poemario de bolsillo de Alejandra Pizarnik, al levantar la mirada  pude notar que una persona  se acercaba entre la penumbra de aquella noche, es ella pensé, la vi caminando hacia mi , sentía una extraña presencia  como si nos  hubiésemos conocido de toda la vida, lucía imperturbable , con su cabello recogido a la perfección y una trenza infinita que se perdía en su espalda morena, un  vestido casual de jean azul, y sus zapatos  Converse blancos, parecía  una colegiala  de mirada taciturna , nunca imaginé que se iba a convertir en el corto tiempo, en aquel  amor que me marcaría  el corazón a sangre y  fuego.

En uno de tantos días  compartidos, decidimos  dar un  paseo por el malecón  y  luego tomar un café en la zona comercial de la ciudad, es entonces  cuando  abordamos  un autobús el mismo que nos llevaría hasta el  centro histórico, fue uno de esos recorridos al interior de la urbe porteña en  que siempre se hace  imprescindible tener los ojos bien abiertos como una lechuza, para evitar ser presa de un atraco. 

Pese a mis dudas no tuve otra opción que aceptar, personalmente habría preferido tomar un taxi, pero ella insistió, manifestando que disfrutaríamos más el recorrido mirando la ciudad de esa manera,  y  yo accedí , en realidad  pocas veces pude decirle que no a sus pedidos y  caprichos, estaba consciente del peligro que representaba recorrer esa parte de la ciudad, y más aún  en autobús,  yo miraba la gente pasar  desde la  ventana del vetusto transporte, la urbe bullía en delirio al ras de una calurosa noche de abril.  

En una de las intersecciones del barrio San Juan, abordó el autobús un muchacho de unos 20 años a los sumo, su mirada reflejaba el hambre y la esperanza, ese deseo impetuoso de hacer unas monedas para llevar el pan a casa o para comprar una dosis de algo que lo ponga a volar, nadie  sabe lo de nadie .. pensaba yo :: ,  a la final cada quien es cada cual en esta selva de cemento, era  de aquellos jóvenes  agoreros que suelen hacer  trucos de magia con un mazo de cartas españolas mientras los pasajeros viajan concentrados en sus propias batallas cotidianas. 

El muchacho nos miraba fijamente como si algo en nosotros le resultara común o tal vez  conocido,  unas monedas, algo de comer, en fin es lo que el chico esperaba, mientras ejercitaba sus malabares, entonces  pude notar  que entre sus ropas ligeras, resaltaban unas costillas puntiagudas que destacaban su flácida  anatomía.

Mientras el joven agorero  hacía su número  de  prestidigitación con sus manos algo descuidadas, yo  no dejaba de  anhelar  en  mis adentros que el recorrido termine, mi actitud era prueba fiel de  mi  impaciencia, mientras tanto  ella  apretaba fuertemente mi mano, y yo la miraba con mi ansiedad a cuestas,   terminamos  adentrándonos  en el casco histórico  de la ciudad,  finalmente  nos habíamos extraviado  en  el peligroso suburbio  de San Idelfonso,  pues no conocíamos bien  esa ruta , yo de rato en rato la  miraba, no podía distanciarme de  esos ojos negros dueños de un  embrujo  que me transmitían siempre una  paz indecible, entonces tomé su cara con mis  manos y  besé sus labios , aquel dulzor  de su cercanía  me procuraba algo de serenidad en aquel momento de incertidumbre.

Ya en la barriada yo miraba con atención como la gente se divertía entre un jolgorio de almas grises, que levitaban y  aquellos  pasillos sucios y sonoros que dibujaban su marginalidad, puedo decir que en medio de la noche en aquel suburbio,  me sentía como completo extraño, un forastero en busca de auxilio.

De pronto el cielo se pobló de nubes negras, arreciaba una borrasca y nos bajamos del trasporte,  al caminar presurosos  unas  pocas cuadras  pudimos tomar un taxi de regreso al viejo hotel lo cual fue un gran alivio para mi, coincidimos en regresar, no pudimos concretar una charla pendiente en  la comodidad de un café. 

Luego de quitarnos la ropa húmeda por la lluvia, conversamos de cosas banales y tomamos una copa de coñac, mientras ella me hablaba yo no podía dejar de mirarla, y con las horas puedo decir que la amé, devorándola con la avidez  de un náufrago en un banquete, luego de quedar rendidos en las delicias del amor, en la profundidad de la noche pude sentir que ella se levantó muy lentamente. 

- Cariño que haces _ le dije _ 

-Voy al baño amor 

-Está bien. contesté 

Simplemente lo ignoré, había caído en un profundo sueño, al día siguiente el sol caía sobre mi rostro, lo cual me fue despertando del aletargado sueño,  ella estaba allí en ese lecho de luz  y yo no hacía otra cosa que  contemplar su mágica desnudez que se proyectaba en la pared de la habitación.  

Extendí mi brazo  para tocarla, pero la sentí fría o más  que eso estaba helada,  inmóvil, de un sobresalto me levante y la vi recostada  en el lecho,  me percaté de que no respiraba y no pude identificar sus signos vitales, sus ojos estaban perdidos, como colgados  en el infinito, la  tomé de los brazos y la sacudí  bruscamente llamándola con gran desesperación, pero no respondía, será que se  había marchado de este mundo sin previo aviso, la angustia se apoderó de todo mi ser, entonces a duras penas logré llegar al baño sintiendo  unas  nauseas incontrolables, en segundos estaba en estado de Shock,  sin saber que hacer o que decir ..,  al mojarme la cara y a duras penas tomar un trago de agua la cual recogí entre las palmas de mis manos, pude  mirar  a mi alrededor con dificultad ,  me percaté de que en la repisa del baño había un frasco vacío de píldoras con indicaciones,  Seconal  50Mg, disponía se  administré  con prescripción  médica, junto a  el  había  una baraja  española rota por el medio, tenía escrito al borde de la misma , en una letra poco legible y en  tinta negra una  frase que  decía.. 

“Hasta siempre amor”







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